miércoles, 8 de octubre de 2008

diario de no tengo tiempo

DIARIO E
Miercoles 31 de setiembre de 2009

Hoy no tengo tiempo de nada, si acaso de respirar por la cuenta que me trae. Estoy en manos libres, en piloto automático. No me puse siquiera las gafas, ni la prótesis de cadera, que me la deje anoche en el bar.
Vaya, coño que cojera más tonta…

Hoy no estoy, ni soy. Me veo pasando postes eléctricos cual ferrocarril frenético.
Apenas me he levantado y ya el desorden me trajina, aquella camiseta tirada me llama para que la ponga a lavar. El tele se enciende solo para entretenerme .Maldito. Por el portátil salen sirenas atractivísimas que me cantan un canto susurrante y loco. (Quizá sea solo un virus)De hecho ahora debiera estar haciendo otra cosa y no tecleando a deshoras. Coño, que se me pasan las comidas. Ni como , ni duermo , ni mierda pa mi.
Entras de la calle y sales de la casa. Suelta llaves donde no debes. Con lo bonito que es el armarito para las llaves. Con su decoración barroca y la par pirua. La cartera molesta en el bolsillo trasero del vaquero. Pero no la quitas, Cual es el sitio para una cartera sino el bolsillo trasero del pantalón. ?

Joder , donde esta Mari Poppins con su bolso mágico, en el que todo cabe, y donde su chasquido que manda y ordena el desorden ¿
A veces, muy a menudo me pregunto en qué momento me despreocupe por poner los acentos, las comas y los signos de interrogación en mi vida. Si ya, hoy casi todo me da igual por que sigo escribiendo.
Es posible que perdiera parte de la ilusión por hacer cosas importantes en el momento que me vi rodeado de moscas perversas en mi visión y ruidos agudos en mis oídos y en mi cabeza.
Sin embargo sigo poniendo la música fuerte y no me protejo la vista con gafas de sol, sabiendo lo poco que me convienen ambas cosas.
Cuando escucho música, si la escucho débil y flojita parece que no estoy sintiéndola, así que me fastidio los tímpanos aun mas poniéndola por encima del umbral que me prescriben los médicos. Tomo café con cafeína, cigarros por supuesto con nicotina. Todo con colesterol del malo. Así me siento un poco más vivo. Qué paradoja la alimentación sabrosa y nada sana ¿¡
Cuanto menos te hace bien una cosa más atractivo tiene para uno.
Esta tarde abrí el cajón de las frases celebres que colecciono, procedentes de revistas científicas y de filosofía barata. Ninguna me sirve, ninguna me aplico. Ojala mañana despertara y todo hubiera sido una pesadilla. Ojala no tuviera tiempo de quejarme porque en realidad no recordara esta parte tan real de mi vida.
Pero acaso es este manifiesto una aportación a la literatura?
Pues seguro que no, eso creo.
Encontré esto, escrito hace mucho tiempo por un poeta malagueño muy amigo mío. Y estaba por error en el cajón inútil de mis frases robadas.

Armonía de olas y sal marina
Llegaste al amanecer cuando la vista aun nublada
Deambulaba en brazos de Morfeo-
No salió palabra de tu boca
Y el sol tímido reflejo en la tez morena
Brillos de infancia feliz camino de la fábrica de tabacos
La madre y el hijo caminando tras el ansiado mar
Donde no existían razones para afligirse
Que difícil cuadro, imposible de plasmar,
Siquiera de aproximarse a su belleza
Dormida en la memoria de los 7 años regalados
A mi piel, a mis manos, a mi olfato, a mis sentidos todos
Vuelta trasnochada y escozores en los muslos
Felicidad en el mar, privilegios de ser niño, asombro por lo banal
Y helado de fresa y nata retornando a casa.

Cuanto necesita un adulto para ser feliz?

jueves, 18 de septiembre de 2008

MUNDO AFÓNICO

MUNDO AFONICO

CERO

Hubo un tiempo en que algunos hombres salían a la calle con libretitas y apuntaban lo que pasaba.

Procuraban estar siempre donde las cosas ocurrían y preguntaban a quien pudiera saber algo. Luego lo juntaban todo y redactaban los sucesos antes de que cayera la noche.

Estos señores presumían de ser objetivos e imparciales, y se enfadaban si alguien sugería lo contrario.

Aunque visto lo grande que era el mundo entonces, esta claro que no podía ser imparcial un hombrecillo con una libretita.

Por la noche, todos los sucesos redactados eran impresos en grandes hojas de papel. A veces con fotografías.

Por las mañanas, muy temprano, aquellas hojas de papel eran repartidas por la ciudad, y cualquiera podía comprarlas en unos establecimientos pequeñitos que había en las esquinas.

Dentro de esas casitas había siempre alguien, que no se iba hasta que había vendido todas las hojas.

De esta manera, nuestros antepasados, mientras desayunaban, podían abrir las hojas y se enteraban de todo. Entre el café y el churro, una inundación o un estreno teatral, con el zumo de naranja, las decisiones de un gobernante o el resultado de un acontecimiento deportivo.

Así se organizaban, y empezaban el día con la realidad abierta de par en par encima de la mesa. El mundo en canal haciéndose sitio entre tazas y el cuchillo de la mantequilla. Luego, si algo les interesaba, doblaban las hojas en cuatro y leían más detenidamente algún trocito. Como si acercaran una lupa al mundo para ver algo en sus detalles.

Esos tiempos han pasado, pero pueden volver, como volvieron los pantalones de campana.

Ya te contare más curiosidades en otra conexión.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Me afeito

Me Afeito por la noche y en el espejo ordeno a la barba no crecer.
Por la mañana amanezco liso como el culito de un niño y no te araño.
Esa es la prueba definitiva de que soy perfecto.
Y tú dices que algo falla.
Yo estuve en cuarentena antes de llegar a ti. Mucho tiempo. Cuarenta y un días para ser exacto.
Los hombres de las batas me hacían pruebas y se miraban a los pies de mi cama. Cuchicheaban.
Yo aguzaba el oído y los oía decir que no podía ser, que tanta perfección, que los instrumentos pueden fallar. Y el de las barbas decía que había que repetir las pruebas.
Sospecharon que yo escuchaba. Desde entonces se retiraban detrás de las cristaleras a deliberar.
Yo aprendí a leer los labios.
Los hombres de las batas decían que el ser humano es imperfecto por naturaleza, que tanta perfección no podía ser buena. Que tenían una responsabilidad, no me podían dar al mundo y ahí queda eso. Y el de las barbas insistía en que había que repetir las pruebas
Sospecharon de mí y dejaron de hablar tras el cristal. Se retiraron al cuarto contiguo a deliberar. Yo aprendí inmediatamente a leer sus mentes.
Los hombres de las batas estaban preocupados porque el tiempo se acababa y necesitaban las instalaciones para analizar un extraterrestre y un unicornio alado. Tenían que tomar una determinación. Ya tenían toda la documentación. Lo más lógico era destruirme por el bien común. El mundo no estaba preparado. Y el de las barbas tenía problemas morales y técnicos, insistía en que había que repetir las pruebas una vez más.
Mi instinto de supervivencia funcionó tan perfectamente como todo lo demás y los llamé con el botón de la cabecera.
Vinieron enseguida.
Les conté que si me soltaban, me limitaría a buscarte y pegarme a ti como una lapa, colocarte en tu pedestal y mantenerte ahí hasta el fin de mis fuerzas. No usaría mi poder para el mal. Ni para desestabilizar, ni para darle la vuelta a nada.
El hombre de las barbas dejó de pensar que había que repetir las pruebas y me miraron así, como tú me estás mirando ahora.
Pues claro que puedo leer la mente.
Ahora mismo estás pensando que sería capaz de inventar cualquier historia para no perderte.

Tema: el pedestal. ¿La vida? ¿El amor?
Argumento: Trola perfecta en una situación desesperada.


by bernar
(leido por danielon con fruicion y entusiasmo)

EL CENTRO DE LA TIERRA o LAS BRAGUITAS BLANCAS CON LACITO

EL CENTRO DE LA TIERRA

Apagué el despertador tres veces. Es la hora y aún estoy en la cama. ¿Dónde están las alas que da el amor?
Por fin salto de la cama y caigo en los zapatos.
Al incorporarme noto que el suelo está más cerca que nunca. No soy más bajo. Sólo son mis pies que se hunden en el piso.
Me cuesta trabajo ponerme los pantalones, porque tengo que levantar tanto los pies, porque me sigo hundiendo, porque, porque. No hay tiempo para explicaciones.
Es la hora, pero tú siempre te retrasas cinco minutos.
No pierdo tiempo afeitándome porque ya no llego al espejo del baño. Me tengo que lavar la cara en el bidé.
Cuando espero el ascensor el piso me llega por la cintura. Casi no llego al botón.
Menos mal que hemos quedado en la esquina. La gente no me ve. Tengo que esquivarlos para que no me pisen la cabeza.
Teníamos que haber quedado en mi casa, pero eres tan así.
Llego al quiosco justo a tiempo, te veo acercarte mientras acabo de hundirme.
Ya estás aquí y no me ves, mi cara está justo una cuarta debajo de tu tacón.
Te tiro besos mientras me alejo lentamente. Adiós amor.
Lástima, hoy que te habías puesto las braguitas blancas con lacito.



BY BERNAR ( joé )

Arroyo

Ejercicio: el espacio protagonista del relato.

ARROYO

La seña Conchi me sonreía cuando entraba en su tienda y me saludaba todos los días:
- Buenos días, cordobés.
La culpa era mía, porque una extraña enfermedad me impide sentirme de un lugar si no conozco el gentilicio. Por eso le pregunté si las gentes de Arroyo eran arroyenses o arroyanos.
Le pregunté a ella porque parecía estar en ese mostrador desde antes de que Arroyo fuera Arroyo.
Me miró de arriba abajo y me dijo:
- Gente de Arroyo, nada más.
Desde entonces fui el cordobés. Hasta que llovió.
Ese día no quise cruzar la calle porque la calzada estaba encharcada. Decidí cruzar más abajo.
Al doblar la Calle de las Flores descubrí que el paso de peatones estaba inundado. Tal vez más abajo.
Comprendí porque el escaparate de los chinos era curvo, en realidad era un meandro. El agua se arremolinaba y bajaba con más violencia aún. Tenía los zapatos calados ya. Tal vez más abajo hubiera un paso seco.
Bajé hasta la curva del polideportivo, las pesadas tapas de alcantarillado saltaban alegremente borboteando agua clara. Más abajo estaba el mar, no se podía bajar más. El agua ya me había empapado hasta las rodillas, no tenía nada que perder.
Me dispuse a cruzar ignorando el agua.
No estaba tan fría. Fue agradable y me dejé llevar por el impulso. Subí por el centro de la calzada, el agua subía por mi empeine salpicando juguetona. Cerré el inútil paraguas para usarlo como bastón.
Me crucé con un vecino que bajaba silbando, también por el centro de la calzada y me saludó con un levantamiento de cejas, propio de gentes del lugar.
Cuando entré en la tienda de la Seña Conchi sonreí pero no me saludó. Creí que le molestaba que le mojara el suelo de la tienda.
Pero no.
Cuando pagué me devolvió unas monedas que no esperaba y me dijo:
- A los de Arroyo les hago el cinco.


by bernar ( copyleft) ( manipulable 100%) ( este texto ) (para compartir, como caladas de celtas cortos en el verano de 1981...)

mírame

Empezaremos de nuevo.
Fingiré no conocerte y me haré el encontradizo.
Dejaré flores en las esquinas para que las encuentres camino al trabajo.
Sabrás que son mías.
Desconfiarás al principio y pensarás en mi cuando no esté.
Me pondré el traje de los domingos y hablaré con tus padres. Pasearás de mi brazo y saludaremos a los conocidos.
Mírame.
Te daré mi hombro en el cine, cuando te asustes, cuando te duermas.
Te besaré en tu portal y las interminables despedidas nos parecerán cortas.
Copiaré poemas y juraré que los escribí para ti. Ya sabes lo mal que escribo.
Te esperaré en la puerta de la iglesia con una flor en la solapa y una corbata horrorosa.
Tu madre llorará. Tu padre repartirá puros. Mis primos tirarán arroz.
Como aquella vez, serás mía por primera vez.
Mírame.
Construiré nuestra casita en cualquier lugar, junto a un árbol centenario.
Serás feliz. Otearás el horizonte esperando mi regreso al atardecer.
Discutiremos por tonterías sólo por el placer de reconciliarnos.
Llenaremos la casa de niños, construiré un columpio en el árbol. Les curarás las pupas con besos.
Nos arreglaremos los domingos, saldremos a pasear.
Y nunca, nunca volveré a ponerte la mano encima.
Mírame.
Mírame cuando te hablo.


by bernarl( copyleft)

lunes, 29 de octubre de 2007

taller de radio y otros cuentos

!que prematura decisión de comenzar una casa por el tejado!
Este pasado fin de semana he participado en un proyecto de curso de radio en modo iniciación. La cuestión es que no ha estado mal, si bien podría haber estado bastante mejor.
Para empezar, nunca me vi en la necesidad de adaptarme a mis compañeros ya que me trataron como si fuera de su grupo, que no lo era por supuesto, por la obviedad de la diferencia de edad. Sin embargo, me he sentido a gusto, muy a gusto, como hacía tiempo.
Da vértigo, los dos mundos tan cercanos y tan separados por abismos. Me refiero a los dos mundos: el de los años mozos y el de los años cuasicuarentones, que son los míos.
En fin, lo de menos ha sido el curso en sí, que valer lo vale, ya
que lo interesante ha sido esa agridulce mezcla de inocencia, inquietudes satisfechas ( las mías, desde luego) y alas para volar.
Gracias de todo corazón, a todos. ( Esto estaría mejor con musica de David Gray como fondo)
Así que por que no os paseais por su música, es como un parque llenos de flores y árboles en una tarde de primavera.